Presidente de la AP de Valencia
2015-2023
Catedrático de Economía Aplicada

A veces los economistas nos pasamos de pesimistas. Y creo que es bueno reconocerlo. Cierto que es muy difícil hacer pronósticos en una sociedad tan cambiante y con autoridades económicas y políticas dispuestas a manejar todas las herramientas a su alcance tratando de minimizar los impactos negativos o de crear otros frentes de preocupación nuevos e inesperados. Pero, reconozcámoslo, eso siempre ha sido así.

Con las cifras provisionales y en el mejor de los casos cerradas en noviembre, están apareciendo multitud de análisis sobre cómo ha ido el 2025 y, de paso, cómo podría ser el 2026.

¿Qué observamos en todos estos trabajos? Mostramos a continuación algunas ideas claves.

1. Aranceles y crecimiento
La disrupción de Trump y sus aranceles no se ha traducido en un descenso en el crecimiento del PIB global. Según el FMI, el mundo creció un 3,3% en 2024 y previsiblemente lo habrá hecho por encima del 3% en 2025, y se acelerará una o dos décimas más en 2026. Tal vez se puede apreciar un moderado empeoramiento en Estados Unidos y en Europa, que han sido compensados con crecimientos robustos en India o en países en desarrollo, en especial Asia y África.

2. Comercio mundial
El impacto en el comercio mundial también ha sido casi irrelevante en términos globales hasta el presente. Según la UNCTAD, el comercio mundial habrá alcanzado un nuevo récord superando los 35 billones de dólares. Aquí hay que hacer dos matizaciones. Primera: los dos últimos trimestres muestran una clara desaceleración respecto a las cifras de principios de año; y segunda: los grandes motores del crecimiento han sido de nuevo Este de Asia y África, esto es, el comercio Sur-Sur.

3. Represalias
Las medidas restrictivas de Trump no han sido secundades por actuaciones similares de represalia en otros países de manera generalizada. Antes, al contrario, durante todo 2025 hemos asistido a incesantes negociaciones entre países para reducir aranceles, conseguir mayor apertura e incentivar el comercio. De nuevo esos acuerdos se han localizado preferente entre países en desarrollo.

4. Inflación
La inflación sí que se ha notado (no excesivamente) en Estados Unidos, pero en general ha presentado valores inferiores a los esperados y anticipados. Los aranceles sí que se han traslado a los precios, pero en menor medida de lo esperado. Los eslabones intermedios han absorbido una parte de esos incrementos de costes.

5. Desequilibrios comerciales
Los desequilibrios comerciales, prácticamente, se han mantenido inalterados. Estados Unidos cerrará el año con un déficit en el entorno de los 1,2/1,3 billones de dólares y China, por su parte, cerrará con un superávit 1,1/1,2 billones de dólares.

6. Friendshoring
Como contrapartida al desequilibrio comercial inalterado, se aprecia un resurgir del comercio entre países “amigos” (friendshoring).

Ciertamente, un trabajo más profundo podría añadir un montón de sombras y matizaciones a este apresurado e incompleto análisis, pero han pasado pocos meses y habrá que esperar a que avance 2026 para disponer de una imagen más precisa de cuál está siendo el impacto a medio y largo plazo de las medidas de Trump que, por ahora, no podemos aventurar.

Lo que sí es cierto es que el escenario actual, confrontado a ese optimismo institucional, sigue presidido por un montón de problemas e incertidumbres, que se han visto incrementados con la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, que como ha expresado el presidente de Brasil (Lula), supone un “precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional… e implica dar el primer paso hacia un mundo de violencia, caos e inestabilidad, donde prevalece la ley del más fuerte sobre el multilateralismo”.

Pondremos el foco, únicamente, en dos puntos calientes: la incertidumbre y la burbuja de la IA, que se analizan en los recuadros adjuntos. Por lo demás, podríamos seguir señalando otras áreas de preocupación, pero no quiero darle la vuelta a mi idea inicial y retornar al pesimismo generalizado de principios de 2025, que no ha sido capaz de entender la reacción y, como se dice hoy, la “resiliencia” de las economías a lo largo y ancho del mundo. Quedémonos, hoy por hoy, con este pequeño mensaje de optimismo institucional, a pesar de los nubarrones que lo amenazan.

En enero de 2027 volveremos a hacer balance anual, y veremos qué ha pasado durante este nuevo año. Espero que nadie se acuerde de estas líneas y me las eche en cara.

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Lo que sí es cierto es que el escenario actual, confrontado a ese optimismo institucional, sigue presidido por un montón de problemas e incertidumbres, que se han visto incrementados con la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela

Incertidumbre económica y geopolítica

Uno de los grandes retos en 2026 va a seguir siendo la incertidumbre económica y geopolítica, que se mantiene en máximos e incrementándose un poco más desde el 3 de enero de 2025.
Mientras la guerra con Ucrania tal vez pueda encauzarse (veremos), el ataque contra la dictadura de Maduro en Venezuela vulnera el derecho internacional y puede complicar todavía más el escenario geopolítico internacional.
No tenemos garantías de que, con esta intervención, los conflictos no se extiendan en Europa (Groenlandia, otras fronteras con Rusia) o fuera de Europa (Taiwán, Irán, Cuba, África, Siria, etc.).
Trump ha situado la fuerza por encima del derecho internacional y puede favorecer otras actuaciones similares por parte del propio Estados Unidos, o por otras grandes potencias.

El previsible pinchazo de la burbuja de la IA

Uno de los grandes frentes a vigilar en 2026 es el pinchazo de la burbuja de la IA que en algún momento estallará (nos guste o no, sea en 2026 o 2027). Su impacto en Estados Unidos y en el resto del mundo será demoledor.
Hay que pensar que, en Estados Unidos, según datos de la Reserva Federal, los hogares norteamericanos tienen entre un 50 y un 55% de su riqueza invertida directa e indirectamente en activos financieros y, por lo tanto, cualquier pérdida importante (y lo va a ser sí o sí) acarreará una caída del consumo interno (efecto riqueza) y de las importaciones considerable, además de subidas de tipos, contención de la inversión, etc.
Igualmente, a nivel internacional los inversores han sido seducidos por las subidas imparables de las empresas de la IA y han atraído flujos de inversión crecientes en estos activos. Se puede estimar que dichas inversiones (inversión privada, a través de fondos soberanos, o mediante instrumentos de venture capital) representan nada menos que entre el 25 y el 35% de toda la inversión mundial anual.
Más datos. Según Morningstar.com, cuatro empresas directamente vinculadas a la IA (Nvidia, Meta, Microsoft y Broadcom) explican ellas solas el 60% de todas las ganancias del mercado en 2025. Estos datos nos ponen sobre la mesa la enorme vulnerabilidad de los mercados financieros norteamericanos a cualquier shock en forma de regulación, la aparición de nuevos competidores (chinos, por ejemplo) en el mercado, o a cualquier otro imprevisto.
Los países más expuestos a ese riesgo serán:
a) Estados Unidos (riesgo muy alto).
b) Asia desarrollada (Japón, Corea, Taiwán) (riesgo entre medio y muy alto).
c) China (riesgo medio, de carácter interno).
d) Europa desarrollada (riesgo medio pero concentrado).
e) Mercados emergentes (riesgo bajo-medio).
El estallido de la burbuja IA arrastrará a la banca, como ha sucedido en otras crisis, y con ella al crédito y, de nuevo, al consumo.

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