Hablar del sistema monetario internacional puede parecer alejado de la problemática de la logística y de la actividad portuaria. Nada más lejos de la realidad.
06/Noviembre 2026
Pensemos que el sistema monetario internacional es la base reguladora sobre la que descansa todo el conjunto de cobros y pagos derivados de todas las transacciones comerciales y financieras. Facilita liquidez a los mercados para que cumplan sus funciones, permiten el ajuste de los desequilibrios de las balanzas de pagos de los países, indirectamente propicia los regímenes de tipos de cambio, da confianza a los agentes económicos, etc.
Si el sistema no funciona las economías y las transacciones de todo tipo se reducen drásticamente y con él las economías o bien no crecen o bien lo hacen por debajo de su ritmo potencial afectándonos a todos.
Por lo tanto, los ajustes que en la actualidad se están produciendo en el sistema nos afectan directa e indirectamente a todos los agentes económicos y en especial a los que trabajamos en la logística.
Empecemos por el principio. La expresión “reliquia bárbara del pasado”, acuñada por John Maynard Keynes hace 82 años y referida al sistema monetario y al oro, sigue siendo sorprendentemente actual. Hace unas pocas semanas pude leer un artículo muy interesante acerca de cómo los bancos centrales del mundo están sustituyendo de una manera acelerada los bonos o activos en dólares por otra clase de activos, en especial, el oro. Aunque no es un proceso nuevo, de hecho lleva varios años produciéndose, la aceleración de dicha sustitución es un buen indicador-resumen de todo lo que está pasando en el mundo.
Ciertamente, para mí, este tema tiene un cierto componente nostálgico. Al fin y al cabo, el sistema monetario internacional y el papel del oro llenaron una parte de mis primeras explicaciones como profesor a principio de los años 70’s.
Estábamos en unos años turbulentos tras romperse el equilibrio de la posguerra basado en los acuerdos de Bretton Woods (1944). La negociación entre Reino Unido y Estados Unidos (entre John Maynard Keynes y Harry Dexter White) pudo haber tenido otro resultado. Keynes propuso la creación del bancor como unidad de moneda de reserva internacional que se valoraba entre otras cosas por los precios de 30 materias primas. Por su parte, la propuesta inicial de Estados Unidos se basaba en la creación de una moneda que llamaron “unitas”. Fijémonos que la idea central era suprimir la primacía del oro (“reliquia bárbara del pasado”, como lo denominaba Keynes) en las reservas internacionales de los bancos centrales por otro activo de referencia no físico.
Al final, la supremacía de Estados Unidos acabó por imponer un sistema que entendían que les era beneficioso. Aprobaron lo que se denomina “patrón cambios dólar oro”. La moneda de referencia para el ahorro y los intercambios sería el dólar. Dólar que sería convertible en oro (a la paridad de 35 dólares la onza troy) cuando algún país solicitara su conversión. En ese momento Estados Unidos acaparaba el 75% de todas las reservas mundiales de oro y la demanda privada de oro era mínima. Ahora bien, para que el dólar pudiera almacenarse como reserva en los bancos centrales, Estados Unidos se condenaba a tener un déficit de pagos permanente.
Mientras la fracción entre dólares en el exterior y oro en las reservas norteamericanas fue inferior a uno, el sistema funcionó bien, había confianza, Estados Unidos podría cumplir sus compromisos. Ahora bien, cuando la relación empezó a subir, la desconfianza en la convertibilidad se esfumó. La guerra de Vietnam y los déficits americanos se hicieron inasumibles. Algunos países solicitaron la conversión y Estados Unidos se negó a perder más oro. En diciembre de 1971, Nixon aprobó la suspensión de la obligación de conversión y el sistema colapsó. Pasamos a un sistema basado exclusivamente en el dólar.
Ahora bien, Estados Unidos seguía siendo la potencia económica y financiera fundamental del escenario internacional y nada cambió en esencia. La moneda de referencia siguió siendo el dólar y las reservas de los bancos centrales del mundo siguieron comprando bonos americanos para sus reservas internacionales. Pero nada es estable indefinidamente. Los crecientes déficits americanos estaban inundando el mundo de dólares (bonos) y los países empezaron a buscar activos alternativos. Podría haber sido el euro, pero eso implicaba un papel de suministrador de activos en euros (déficits exteriores) que la Eurozona no estaba dispuesta a aprobar.
La expresión “reliquia bárbara del pasado”, acuñada por John Maynard Keynes hace 82 años y referida al sistema monetario y al oro, sigue siendo sorprendentemente actual
El escenario a principios del siglo XXI
Podemos constatar como a principios del siglo XXI el escenario seguía siendo muy similar al de los decenios anteriores. El gráfico nº 1 muestra la composición de las reservas desde el año 2002 y su evolución hasta 2026.
En el inicio de la serie se aprecia un predominio de activos nominados en dólares en las reservas de los bancos centrales (en torno al 60% del total), un euro importante (algo más del 20%) pero incapaz de desplazar al dólar, el oro jugando un papel cuasi testimonial (alrededor del 10%), y el resto (libras, yenes, renmimbis y otras monedas) entre todas ellas no alcanzaban el 10%.
Pero en estos 25 años del siglo XXI han pasado muchas cosas. Epidemias, guerras, batallas comerciales, aranceles, configuración de bloques, ruptura de relaciones internacionales, búsqueda de nuevas alianzas, arbitrariedad en las decisiones, amenazas, déficit exterior y de sus cuentas públicas sin freno, represalias inventadas por agravios inexistentes, etc.
Resultado: los países han empezado a cambiar sus estrategias y prioridades. Estados Unidos ha dejado de ser un socio fiable: ni comercial, ni defensivo. No cumple los compromisos internacionales anteriormente acordados con otras administraciones, aprueba sanciones financieras con bloqueo de sus activos cuando le interesa, etc. Resultado: el abandono creciente de los activos en dólares.
El que está ganando, por ahora, la batalla está siendo el oro, pero es difícil pensar en que el oro vuelva a ser el activo reserva internacional por multitud de problemas
El gráfico exige una pequeña descripción de los supuestos bajo los que está construido. No hay ningún organismo oficial que publique las cifras de las reservas en divisas e incluya una valoración del oro en las mismas. Por esa razón ha habido que reconstruirla bajo algunos supuestos. Para ello, se han tomado los datos de las divisas del FMI, en concreto de su publicación trimestral “Curency Composition of Ofical Foreign Exchange Reserve” en dólares y que no incluye el oro. En este caso se han utilizado las cifras publicadas por el World Gold Council (WGC) multiplicadas por el precio medio anual del oro en dólares. Con las dos series sumadas se ha calculado el peso de cada componente en el total.
Ahora bien esa sustitución tropieza con un problema grave: la dificultad para encontrar un activo alternativo satisfactorio para todos los países. El que está ganando, por ahora, la batalla está siendo el oro, pero es difícil pensar en que el oro vuelva a ser el activo reserva internacional, por multitud de problemas (producción limitada para atender necesidades privadas y monetarias, ventaja importante otorgada a los países productores, coste de mantenimiento, nula rentabilidad, riesgos, etc.). Exactamente, los mismos problemas que ya se identificaron en los años 40 (la reliquia bárbara del pasado no tiene sentido sacarla de las profundidades de la tierra para enterrarla en Fort Knox, como decía Keynes).
Únicamente podemos esperar un cambio de activo si los países son capaces de aprobar otro alternativo con las características exigidas para que sea operativo
Esas compras no han cambiado radicalmente el escenario de países con mayores stocks de reservas de oro que siguen siendo casi los mismo que los de los años 50 y 60: Estados Unidos, los principales países europeos y Suiza, pero ha permitido la incorporación de otros nuevos como Rusia, China, India, Japón y Turquía (gráfico nº 5).
En resumen, a pesar de los múltiples y graves problemas que atenazan al dólar en la actualidad, todo parece indicar que va a seguir siendo el pilar del sistema monetario internacional. Únicamente podemos esperar un cambio de activo si los países son capaces de aprobar otro alternativo con las características exigidas para que sea operativo, esto es, suficiente profundidad, elasticidad y aceptación global por todos los participantes. Dicho de otra forma, el mundo debe enfrentarse a un reto relevante, consensuar una moneda/activo de referencia que pueda reemplazar al dólar en el papel que juega en el momento presente. Casi nada. Tenemos dólar para rato.
Hacia un nuevo orden económico y financiero
Las principales conclusiones ante la situación actual del sistema monetario internacional son:
1. El mundo camina hacia la configuración de un nuevo orden económico y financiero
2. El dólar se encuentra en un declive evidente, pero dentro de un proceso lento y controlado. Nadie puede pretender que los bancos centrales se desprendan de una manera acelerada de sus activos en dólares pues la crisis financiera sería incontrolable. De hecho, el mundo ya lo está viviendo con las primas de riesgo a las emisiones de bonos de Estados Unidos, las más elevadas en los últimos 20 años.
3. Están apareciendo otros activos nominados en divisas menos relevantes, pero que pueden jugar un cierto papel en la configuración de bloques económicos.
4. El rinmimbi (yuan chino), no parece, por ahora, que vaya a jugar un papel relevante como moneda de reserva.
5. Lo mismo podemos decir del euro y de otras monedas históricas como la libra o el franco suizo. El tamaño de sus economías no es lo suficientemente relevante como para que inspiren confianza en el mercado.
6. El oro no parece probable que sustituya al dólar.
En el cuadro nº1 se aprecia cuáles serán los principales productores de oro en el mundo en el 2026. La producción total del mundo, según los expertos, se elevará este año a unas 2.000 toneladas.
7. Esta producción hay que confrontarla con la demanda privada, que los mismos técnicos estiman en unas 3.500 toneladas. Por lo tanto, el mercado del oro está en perpetuo déficit, subsanado parcialmente con el reciclaje y, en otra parte, corregido con la elevación de precios.
8. Pero es evidente que no hay producción suficiente para cubrir la demanda monetaria.
9. Este ya fue el principal obstáculo analizado en los años 40 que forzó a buscar una solución alternativa al oro.
10. Otros problemas asociados al oro serían su baja elasticidad ante variaciones de la demanda. Obviamente no sirve como moneda de intercambio, o como instrumento de política monetaria.
11. El resultado es el mismo al que llegaron los expertos hace 80 años. No hay producción de oro suficiente para que sirva de activo de reserva internacional.
12. Pero siempre quedan nostálgicos.
Hacia un nuevo orden económico y financiero
Las principales conclusiones ante la situación actual del sistema monetario internacional son:
1. El mundo camina hacia la configuración de un nuevo orden económico y financiero
2. El dólar se encuentra en un declive evidente, pero dentro de un proceso lento y controlado. Nadie puede pretender que los bancos centrales se desprendan de una manera acelerada de sus activos en dólares pues la crisis financiera sería incontrolable. De hecho, el mundo ya lo está viviendo con las primas de riesgo a las emisiones de bonos de Estados Unidos, las más elevadas en los últimos 20 años.
3. Están apareciendo otros activos nominados en divisas menos relevantes, pero que pueden jugar un cierto papel en la configuración de bloques económicos.
4. El rinmimbi (yuan chino), no parece, por ahora, que vaya a jugar un papel relevante como moneda de reserva.
5. Lo mismo podemos decir del euro y de otras monedas históricas como la libra o el franco suizo. El tamaño de sus economías no es lo suficientemente relevante como para que inspiren confianza en el mercado.
6. El oro no parece probable que sustituya al dólar.
En el cuadro nº1 se aprecia cuáles serán los principales productores de oro en el mundo en el 2026. La producción total del mundo, según los expertos, se elevará este año a unas 2.000 toneladas.
7. Esta producción hay que confrontarla con la demanda privada, que los mismos técnicos estiman en unas 3.500 toneladas. Por lo tanto, el mercado del oro está en perpetuo déficit, subsanado parcialmente con el reciclaje y, en otra parte, corregido con la elevación de precios.
8. Pero es evidente que no hay producción suficiente para cubrir la demanda monetaria.
9. Este ya fue el principal obstáculo analizado en los años 40 que forzó a buscar una solución alternativa al oro.
10. Otros problemas asociados al oro serían su baja elasticidad ante variaciones de la demanda. Obviamente no sirve como moneda de intercambio, o como instrumento de política monetaria.
11. El resultado es el mismo al que llegaron los expertos hace 80 años. No hay producción de oro suficiente para que sirva de activo de reserva internacional.
12. Pero siempre quedan nostálgicos.

