Presidente de la AP de Valencia
2015-2023
Catedrático de Economía Aplicada

A lo largo de los últimos meses hemos podido leer diversos trabajos e informes de organismos internacionales y empresas privadas que apuntan al crecimiento acelerado del comercio en África.

A lo largo de los últimos meses hemos podido leer diversos trabajos e informes de organismos internacionales y empresas privadas que apuntan al crecimiento acelerado del comercio en África.
¿Razones? El bajo nivel de tráfico de partida, el fuerte dinamismo demográfico y el esperado crecimiento del PIB, resultado de un cambio histórico de tendencia hacia un modelo de crecimiento más abierto y vinculado al resto del mundo a través del comercio.

El gráfico nº 1 elaborado por la UNCTAD nos muestra el comportamiento de las exportaciones e importaciones durante los primeros 9 meses de 2025 por continentes y para algunos países. Vemos como África y Asia Oriental son las únicas partes del mundo donde han aumentado simultáneamente ambas caras del comercio, la exportación y la importación.

Primer rasgo
Esta tendencia no es nueva, sino que lleva años fraguándose. Si comparamos el crecimiento de las importaciones y exportaciones africanas con la media mundial medidas por el tráfico de TEUs, se constata como ambas series han experimentado crecimientos que más que doblan los de la media global desde finales de la década anterior (SEE 753, febrero 2026).

Segundo Rasgo
El comercio se ha dirigido principalmente hacia otros países en desarrollo, siguiendo una tendencia ya iniciada a principios del siglo XXI y acelerada en los últimos años (ver gráfico nº 2).
Así, los países del Sur confían cada vez más en ampliar sus relaciones comerciales con otros países de su entorno que en la capacidad/posibilidad de comerciar con los países desarrollados. Obviamente, las medidas proteccionistas de la administración Trump están acelerando esta tendencia.
Si nos fijamos en el gráfico nº 2, tal y como señala la UNCTAD, entre 1995 y 2025 las exportaciones del Sur hacia otros países incluidos en el Sur son las que más han crecido y se han multiplicado por 14, hasta el punto de que ya representan el 57% del total de su comercio, frente al 38% treinta años atrás. Ese dinamismo supera no solo a los flujos comerciales entre el Sur y el Norte, sino también al crecimiento del comercio mundial en esos 30 años.

Tercer rasgo
Algo importante está cambiando en la estructura de ese comercio. Pensemos que una parte de ese aumento se basa en el incremento de las exportaciones de bienes industriales frente al comercio tradicional de materias primas. Es verdad que las bases de partida de ese comercio son muy bajas.
De hecho, como apunta Sea Intelligence (noviembre de 2025), África es el continente que tiene la menor relación contenedores per cápita (6,2 TEUs por cada 1.000 habitantes), relación que sigue siendo la menor con mucha diferencia del resto del mundo a pesar del crecimiento de los últimos 30 años (gráfico nº 3).
Este escenario, parece que está empezando a cambiar, como ya hemos apuntado. ¿Qué puede impulsar ese crecimiento en los próximos años?

África es el continente que tiene la menor relación contenedores per cápita (6,2 TEUs por cada 1.000 habitantes), relación que sigue siendo la menor con mucha diferencia del resto del mundo a pesar del crecimiento de los últimos 30 años

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África continente ignorado y marginado

África siempre ha sido un continente minusvalorado, cuando no menospreciado, marginado y explotado, empezando por la simple y aparentemente neutral representación cartográfica. En esa representación de Mercator (de 1569) África queda muy reducida, mientras que agranda los países conforme se alejan del ecuador. Así, Groenlandia parece de igual tamaño que África cuando es 14 veces mas pequeña. Si pensamos que toda representación gráfica trasmite percepciones a los lectores, esa visualización empequeñece la importancia del continente y esa minusvaloración no es neutral e inocente, como denunció hace años la Unión Africana.

África con sus algo más de 30 millones de kilómetros cuadrados de superficie (20% del total del mundo) es el tercer continente y, por ejemplo, triplica la superficie de Europa, con la Rusia europea incluida. O con sus casi 1.500 millones de habitantes representa el 18% de la población mundial con tasas de crecimiento superiores a la media.

Ciertamente, cuando analizamos el continente desde la estricta perspectiva económica su peso se diluye de una manera dramática. El PIB de África en dólares corrientes en 2025 apenas representaba el 2,6% del PIB del mundo y en dólares constantes el 3,2%. Si la comparación la efectuamos con el PIB per cápita, los resultados son igualmente descorazonadores. La renta per cápita africana en 2025 (1.895 dólares) apenas alcanza el 14% de la renta per cápita media del mundo (13.526 dólares).

¿Cómo es posible que un continente con tantas posibilidades tenga unos resultados económicos tan pobres? Explicaciones, muchas. Colonialismo, esclavitud, división tribal, dependencia de las grandes empresas en la explotación de sus recursos, corrupción, guerras constantes, luchas religiosas, decisiones políticas arbitrarias, etc., pero, aclarar todo esto, precisaría otro trabajo.

Veamos una de las causas más inmediatas de esos resultados económicos tan negativos. En el gráfico nº 4 vemos el crecimiento del PIB del mundo y de sus continentes medido en dólares constantes, tomando como base el año 1970. ¿Qué observamos? Pues que África ha sido el segundo continente, detrás de Asia, que más ha crecido en los últimos 54 años. Luego las cifras de crecimiento en términos constantes han sido muy positivas.

Sin embargo, ese robusto crecimiento no se ha traducido en un aumento significativo de la renta per cápita de sus poblaciones (ver gráfico nº 5). Mientras el PIB del mundo per cápita en dólares constantes se ha incrementado un 240%, el PIB per cápita de África apenas ha aumentado un 50% sobre los niveles de 1970. Tenemos, por lo tanto, un crecimiento robusto de la economía y un PIB per cápita cuasi estancado.

¿Cuál es la razón? Como fácilmente habremos deducido todos, la causa de esa disparidad de resultados no es otra que el fuerte y constante aumento de la población (gráfico nº 6). Si la renta crece a una tasa muy similar a la que lo hace la población, el PIB per cápita se mantiene inalterado. África es el continente en el que más ha aumentado la población a lo largo de los últimos 54 años. En el lado opuesto se encuentra Europa. Bajos crecimientos económicos y estancamiento de la población, resultado, importante aumento del PIB per cápita.

El Cuadro nº 1 nos permite visualizar numéricamente la evolución de estas tres variables entre 1970 y 2024. África presente la segunda mayor tasa anual promedio de crecimiento del PIB en términos constantes (3,42%), sólo por detrás de Asia. Como contrapartida podemos apreciar también como ha experimentado el mayor crecimiento poblacional, con una tasa anual promedio del 2,68% durante esos 54 años. Resultado. El menor crecimiento anual del PIB per cápita de entre todos los continentes del mundo (0,74%).

Una importante aclaración. Hablar de África, en su conjunto, implica mezclar realidades muy diferentes. Para ser un poco más preciso, habría que empezar por señalar que estamos ante muchas Áfricas dentro del mismo continente. Son Áfricas muy dispares en todos los sentidos, económicos, culturales, étnicos, sociales. El norte de África poco tiene que ver con el África subsahariana, los países bañados por los diferentes mares que rodean el continente (simplificando, el Atlántico, y el Índico, además del Mediterráneo y el mar Rojo) en conjunto muestran mayor dinamismo que los países centroafricanos. Pero, esta simplificación nos permite una primera aproximación global, aunque sea poco representativa, de los diferentes conjuntos de países que configuran la realidad y diversidad africana.

Por qué ha crecido tanto el comercio de África en los últimos años

Una pregunta esencial es por qué ha crecido tanto el comercio de África en los últimos años y, como suele suceder siempre en economía, las respuestas/razones son muy variadas. No podemos explicar evoluciones complejas con una variable o variables sencillas. Si alguien lo hace hay que pensar que falsea la realidad. Razones posibles, entre otras:

1. Mayor integración Sur-Sur
Los países africanos han optado por incentivar su comercio con países como China, India, Brasil, Turquía, etc., en perjuicio de su tradicional comercio con los países desarrollados.

Los mercados del Sur se han convertido en un gran destino para las exportaciones de los propios países en desarrollo (ver gráfico nº 7). En ese gráfico se aprecia cómo ha evolucionado entre 1995 y 2024 la cuota de mercado de los países en desarrollo en destinos igualmente de países en desarrollo. Así, por ejemplo, el peso de las exportaciones (la cuota de mercado) de los países en desarrollo hacia África ha pasado de representar el 24,5% del total al 53,2%. Lo mismo podríamos decir, en menor medida, de Latinoamérica y del resto de mercados de países en desarrollo

Podríamos pensar que el peso de China y su impacto en el comercio de los países en desarrollo distorsiona y magnifica la importancia del comercio Sur – Sur. Por esta razón la UNCTAD ha estimado la evolución de esa cuota de mercado excluyendo China en esas relaciones comerciales (gráfico nº 8).

El resultado, obviamente, ofrece datos menos relevantes, incluso negativos en el caso de Latinoamérica. Pero, en esencia, la tendencia se aprecia de igual forma. En este caso, África es el continente en el que se aprecia el mayor crecimiento relativo en este cambio de tendencia.

2. Precios
Otra de las razones que permiten explicar el importante crecimiento del comercio en los últimos años es el comportamiento más positivo de los precios de las materias primas, que ha incrementado el valor de sus exportaciones e incentivado su explotación, ayudada, en muchos casos, por inversiones en infraestructuras y desarrollos mineros y agrarios.

3. Demanda interna
La tercera razón es, sin lugar a dudas, el crecimiento de la demanda interna, al fin y al cabo, estamos hablando de países que crecen entre el 3 y el 4% anual en términos constantes. Esos crecimientos tan relevantes se sustentan en una demanda interna en constante crecimiento, presionada por el aumento de la población. Inevitablemente, ese incremento de la demanda interna se traslada en parte hacia las importaciones.

4. Desarrollo de grandes países.
Los grandes países del continente, como Nigeria, Egipto o Marruecos ayudan en gran parte a explicar el aumento del comercio intra-africano.

El resultado de todos estos cambios conlleva lógicamente ganadores y perdedores. Si el comercio crece más que la media mundial y se centra en los países del Sur, significa que los perdedores de esta tendencia son Europa, América del Norte y Australia y los ganadores son Extremo Oriente, India, Asia en su conjunto y en menor medida Latinoamérica (Gráfico nº 9).

Cómo va a impactar en África el nuevo
escenario comercial de Trump

A las históricas dificultades señaladas hay que añadir el nuevo escenario dibujado en las relaciones comerciales por la Administración norteamericana que va a impactar de muy diversas formas en los países menos desarrollados en general, y en los del continente africano en particular, rompiendo la tendencia favorable que hemos apuntado en los apartados anteriores. ¿Cuáles son las áreas de disputa, las rupturas originadas por el nuevo marco comercial? Muchas, pero me centraré en las que me parecen más relevantes, algunas de las cuales pueden consultarse, si se desea ampliar su conocimiento, en el trabajo de la UNCTAD, publicado este marzo en su publicación “Global Trade Update”.

1. Rechazo a la Organización Mundial del Comercio (OMC) por obsoleta. Aunque ciertamente la OMC necesita una revisión profunda de sus principios y su funcionamiento, las estrategias aplicadas no van en esa dirección, por ejemplo, el rechazo al multilateralismo y la apuesta por los acuerdos bilaterales. Sin lugar a dudas, este cambio en las reglas del juego perjudica a los países con menor peso económico. Estados Unidos o la UEno pueden negociar en plano de igualdad con la mayor parte de los pequeños países en desarrollo. Este cambio perjudica claramente a los países menos desarrollados.

2. Ese rechazo a la OMC tiene otras derivadas importantes, por ejemplo, el papel que juega esa organización para resolver las disputas comerciales entre países. Aunque ese papel se ha visto deteriorado con el paso del tiempo, no es menos cierto que es un marco adecuado para que los países puedan negociar sus desavenencias comerciales. Suprimir esa capacidad deja, de nuevo, a los países en desarrollo en un escenario mucho más vulnerable y perjudicial para sus intereses.

3. Otra variante del desprestigio interesado de la OMC es el rechazo a la aplicación de la “cláusula de la nación más favorecida” para evitar la discriminación comercial entre países. Esta cláusula ha sido uno de los pilares de la OMC. Es un principio sencillo. Si un país acuerda unas concesiones comerciales a otro, un país tercero puede solicitar que se le aplique ese mismo tratamiento. De nuevo los perjudicados con el rechazo son los países de menor tamaño y/o menos desarrollados. Este colectivo no tiene capacidad de negociación suficiente en unas relaciones/negociaciones bilaterales con los países de mayor tamaño y desarrollados. Pero sí que pueden acogerse al principio de nación más favorecida para que se le aplique y extienda los acuerdos que se hayan podido aprobar con terceros a sus relaciones comerciales. Si se suprime ese principio dejamos indefensos otra vez más a los países pequeños y menos desarrollados.

4. Una de las reformas siempre pendientes en las relaciones comerciales ha sido el comercio de los servicios. A pesar de algunas reformas introducidas por la OMC en apoyo a este tipo de comercio (Special and Differencial Tratment – SDT), la realidad es que han sido meros intentos condenados al fracaso. En este apartado el peso de los países menos desarrollados en los intercambios internaciones es casi testimonial. En los últimos 15 años el peso de las exportaciones de servicios dentro del conjunto total de las exportaciones sigue siendo insignificante (el 0,6% del total) y sin expectativas de cambio de tendencias. Los servicios siguen siendo un apartado dominado por los países desarrollados, y en especial Estados Unidos, en el que obtiene un ingente superávit (339.472 millones de dólares en la balanza de servicios en 2025), que, a pesar de su tamaño no alcanza a compensar el déficit en la balanza de bienes (-1.240.941 millones de dólares ese mismo año).

5. Este nuevo marco de relaciones comerciales ha llevado a que la propuesta de incrementos tarifarios se haya generalizado a todos los países menos desarrollados, incluso a los que no tienen impacto significativo en el déficit de la balanza comercial de Norteamérica. El cuadro nº 2 no tiene desperdicio. Estos 28 países (17 africanos) que en su conjunto explicaron el 0,57% del déficit de la balanza de bienes de EEUU en 2024, fueron penalizados con tarifas que, en algunos casos, llegaron al 50% del valor de sus exportaciones.

6. Estas medidas proteccionistas fueron acompañadas de la supresión y/o reducción de las ayudas a los países en desarrollo en programas sanitarios, educativos, etc. En concreto se suprimieron 5.800 programas (el 92% de la financiación) de USAAID y se cancelaron 4.100 subvenciones (el 28% del total) por un valor de 4.100 millones de dólares. El objetivo declarado fue la reducción del déficit presupuestario. Estos programas suprimidos eran absolutamente estratégicos y ponen en peligro tanto los programas alimentarios como los directamente vinculados a la asistencia médica.

7. Y para concluir esta referencia hay que hacer una breve mención al impacto de la crisis energética derivada de la guerra de Irán, que, por desgracia, va a ser más larga de lo que se quiso reconocer. En el caso de África el impacto es considerable en un conjunto de países, por su dependencia del petróleo del golfo Pérsico. Países como Senegal, Benin, Eritrea, Burkina Faso, Zambia, entre otros, no producen petróleo, por lo tanto, importan el 100% de sus necesidades, y no tienen reservas de divisas con los que hacer frente al encarecimiento del crudo.

8. Pero ese impacto es solo una parte del problema. Dado el tamaño de sus economías, este grupo de países (a los que cabría incorporar Kenia, Somalia, incluso Egipto) son extremadamente vulnerables, porque tampoco tienen refinerías o su capacidad es limitada, por lo que deben importar también los productos refinados, algunos suministrados por las refinerías ubicadas en el golfo Pérsico, hoy dañadas por los bombardeos.

9. Otro impacto directo de la subida de los precios de los productos petrolíferos es en los fertilizantes. En el artículo de EnviroLink de marzo (“Middle East Crisis Highlights Africa’s Fossil Fuel Vulnerability and Need for Clean Energy Transition”) se explicaba el impacto de la subida del precio del crudo en África. El gas natural es la materia prima fundamental en la producción de urea, amoniaco o nitrato amónico. Si sube el gas el precio de los fertilizantes que importan los países africanos se dispara. Fertilizantes más caros significa que los agricultores utilizan menos cantidad, con el consiguiente impacto en los rendimientos agrícolas y en la menor producción de bienes básicos como el arroz, el trigo o el maíz. Estas menores producciones implican subidas de precios y acaban afectando a la seguridad alimentaria de esos países. En resumen, los países vulnerables se ven atrapados en la espiral de crudo caro, transporte más caro, fertilizantes caros, sin recursos financieros con los que hacer frente a ese encarecimiento de costes. Resultado, crisis alimentarias.

Qué podemos esperar a corto y medio plazo

En mi opinión, el resurgir del comercio en África puede que continúe, pero no es menos cierto que también puede tener un crecimiento limitado en un inmediato futuro. ¿Por qué?

1. África sigue dependiendo fundamentalmente de las materias primas como petróleo, gas, oro, minerales de todo tipo o productos agrícolas. Estas exportaciones, en un porcentaje elevado, son productos sin elaborar, por lo tanto, con bajo valor añadido, y muy dependientes de los vaivenes de los precios en los mercados, aunque la tendencia sea positiva.

2. Por lo tanto, presenta una estructura exportadora muy poco diversificada y en muchos casos gestionada por grandes corporaciones multinacionales (mineras, por ejemplo).

3. Por el contrario, África importa bienes industriales, tecnología, maquinaria, productos farmacéuticos, etc., de alto valor añadido, menos dependientes de las fluctuaciones de los precios.

4. Así, África se ha incorporado muy activamente al comercio internacional como un mercado consumidor (sobre todo de bienes industriales), y como suministrador de las materias primas que necesita el mundo desarrollado o en crecimiento, pero no lo ha hecho, salvo en porcentajes todavía limitados, como suministrador de productos industriales.

5. Los beneficiarios de este modelo de crecimiento africano están siendo los grandes países integrantes del BRIC, esto es, Brasil, India, China.

6. Es verdad que podemos apreciar avances importantes en ciertas fases y países como, por ejemplo, Sudáfrica (productos industriales), Marruecos y Egipto (en automoción o renovables), Etiopía (textil, calzado), Kenia, Nigeria…, pero todavía no acaban de resultar significativos en el conjunto total.

7. También es verdad que se pueden acabar por consolidar ciertas áreas regionales como grandes mercados, con poblaciones cercanas a los 300 millones de habitantes, con capacidad para generar economías de escala en ciertas industrias que permitan su desarrollo. Pero hace falta voluntad política para configurar esos grandes mercados regionales.

Si África cambia, la red logística global cambiará

A modo de conclusión, podemos subrayar que la consolidación de los crecimientos actuales del comercio africano y su integración internacional pasa, entre otras muchas actuaciones, por la voluntad política de los estados de apoyar grandes espacios comerciales que faciliten y potencien el desarrollo industrial, mantener el multilateralismo y los principios básicos consolidados en la OMC, apostar por el comercio intra regional, o por la consolidación de la industria incipiente, apoyar los crecimientos de la productividad, tratar de conseguir una mayor elaboración de sus materias primas exportadas, cualificación de la mano de obra, enfrentarse a los grandes problemas de corrupción y concentración de la renta y riqueza en las élites de cada país y alcanzar acuerdos de paz que eliminen las guerras devastadoras y sus insostenibles gastos en material militar.

Lo que resulta evidente es que el marco actual dibujado en los últimos meses y la crisis energética generada por la guerra de Irán trastocan los pilares en los que se ha sustentado esta mejora de expectativas y pone en riesgo muchos de los logros alcanzados. Podemos estar de nuevo, ante una nueva ruptura de ciclo y una parálisis, cuando no retroceso, en sus expectativas. Toda esta larga exposición tiene su corolario en su aplicación directa al transporte marítimo. Resulta fácilmente comprensible que, si África sigue creciendo, modifica sus flujos comerciales, cambia dichos flujos y los destinos de mercancías hacia otros países en desarrollo, o va cambiando su estructura productiva, necesariamente van a ir modificándose igualmente poco a poco las rutas comerciales y los puertos de origen y destino. ¿Tendremos en cuenta estos cambios para adaptar nuestra política comercial y marítima? ¿O volveremos de nuevo a dejar pasar una oportunidad que en nuestro caso no nos puede parecer lejana? Planteemos el escenario en positivo. ¿Es posible que esta vez si podamos asistir/soñar con el despegue africano? Es difícil pero no imposible. Veremos qué nos depara el futuro, pero el mundo, Europa y España se juegan mucho en África.

Podemos estar de nuevo, ante una nueva ruptura de ciclo y una parálisis, cuando no retroceso, en sus expectativas

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