Presidente de la AP de Valencia
2015-2023
Catedrático de Economía Aplicada

Resulta curioso observar lo difícil que supone llegar a acuerdos sobre cualquier tema en cuanto lo estudiamos desde posiciones políticas antagónicas. Lo mismo sucede en la economía. Parecería que es un tema más objetivo, pero siempre hay algún fleco al que agarrarnos para sustentar nuestras posiciones diferenciadas. El mejor ejemplo es España y el devenir de su economía.

A nivel internacional los servicios de estudios señalan a la economía española como una evolución de éxito. Sin embargo, existen otros que resaltan los problemas y carencias de nuestra economía dibujando un cuadro final en tonalidades oscuras. ¿Por qué se produce esa disparidad cuando los resultados y cifras disponibles son las mismas para cada investigador? Razones, muchas.
La primera se encuentra en la multitud de datos disponibles. Es casi imposible que todos a la vez sean positivos o todos negativos. Elementos positivos: el crecimiento económico, la creación de empleo, el peso de las energías renovables, la cobertura de fibra óptica, los donantes de órganos… Pero también tenemos otra multitud de elementos negativos: el estancamiento de la renta per cápita, la desigualdad, la baja productividad, el bajo nivel de inversión en I+D, el tamaño empresarial…
¿Cómo podemos llegar a una conclusión definitiva con toda esta acumulación variopinta de información económica? No es fácil. Requiere una cierta dosis de objetividad y ecuanimidad que el debate político ignora. Además, la propia cifra que estemos analizando puede llevarnos a conclusiones dispares con pequeños cambios de enfoque.

¿Cómo podemos llegar a una conclusión definitiva con toda esta acumulación variopinta de información económica? No es fácil. Requiere una cierta dosis de objetividad y ecuanimidad que el debate político ignora

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PIB

Pongamos el ejemplo del PIB, que nos resume en un indicador simple la situación de una economía, su evolución o dinamismo de la misma. Ahora bien, ese PIB lo podemos medir de diversas maneras y el resultado puede variar significativamente.

1. PIB a precios corrientes. No es otra cosa que la cantidad de bienes y servicios producidos por una economía en un periodo de tiempo determinado, por ejemplo, un año, a precios de mercado. Observemos que hemos introducido dos variables en es a medición: los bienes y servicios producidos en un año, y los precios a los que valoramos esos bienes y servicios, y esto nos lleva inmediatamente a la primera digresión.

Si la economía a precios de mercado ha crecido un 5% en un año, lo primero que tenemos que hacer es descontar la inflación. Si el PIB ha crecido un 5% y los precios lo han hecho también un 5%, los bienes y servicios producidos son los mismos. Solo ha habido un cambio de precios, nada más.

2. Por esta razón hay que estimar el PIB a precios constantes, o en términos reales, midiendo el incremento de los bienes y servicios producidos en un año por esa economía. Las dos informaciones son interesantes para tener una valoración objetiva de cómo evoluciona nuestra economía: ¿crecemos o no crecemos en términos reales? ¿la inflación es alta o baja? ¿cómo lo estamos haciendo cuando nos comparamos con otros países de nuestro entorno?…

3. Pero si seguimos profundizando un poco en esa variable, lo segundo que se nos ocurre es: está muy bien ese crecimiento, pero lo que quiero saber es como crecemos per cápita, el PIB per cápita. Si el PIB crece al 2% cada año, pero la población lo hace al 2%, el PIB per cápita será el mismo. Pongamos el caso de África. En los últimos 55 años África ha sido el segundo continente que más ha crecido en el mundo (3,42% al año en términos reales) solo por detrás de Asia. Pero el crecimiento de su población en estos 55 años ha sido el más elevado del mundo (2,68% al año). Resultado, el PIB per cápita ha experimentado un crecimiento raquítico (el 0,74% anual), el más bajo del mundo.

4. Obviamente, ese crecimiento del PIB per cápita puede ser en términos reales o monetarios. En este caso, el indicador que se suele utilizar es la evolución del PIB per cápita en términos reales.

5. Pero todavía quisiera destacar otra medición del PIB cada vez más utilizada en las comparaciones internacionales: El PIB medido en Paridad del Poder Adquisitivo también denominado PIB en dólares internacionales. Me explico. Hay infinidad de bienes y sobre todo de servicios que son casi idénticos entre países (por ejemplo, un café en un bar, o un corte de pelo), pero, sin embargo, tienen precios distintos. Para establecer comparaciones reales entre países nos interesa el PIB ajustado por las diferencias de precios, que nos permiten comparar la capacidad de compra en cualquier lugar del mundo. Se trata de igualar el poder adquisitivo de los ciudadanos a la hora de establecer comparaciones, esto es, se trata de que la misma cantidad de dinero pueda comprar la misma cesta de bienes y servicios en todos los países.

No se usan tipos de cambio sino una tasa de conversión diseñada precisamente para intentar eliminar la distorsión que pueden introducir los precios locales. Como objetivo último, se trata de medir niveles de vida en los diferentes países no solo evolución de la producción.

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España y su PIB: visión positiva

Con este pequeño bagaje teórico vamos a ver cómo se ha comportada la economía española en los últimos 10 años a través de una única variable, el PIB, en sus diversas alternativas.

En el gráfico nº 1 se observa el crecimiento del PIB en términos reales de la Euro zona y de las 4 principales economías por tamaño del PIB que integran la misma (Alemania, Francia, Italia y España). El gráfico construido con los datos de Eurostat es una pequeña licencia, dado que se ha calculado enlazando las tasas de crecimiento reales de cada año.

Curiosamente, a pesar de su simplicidad permite muy diversas interpretaciones:

1. España lidera el crecimiento estos años, a pesar de que la caída relativa por el Covid fue la más significativa de entre los grandes países, y ese crecimiento se está acelerando en los últimos años.

2. Alemania se encuentra en una fase de estancamiento relativo y ajuste interno, con tasas muy bajas de crecimiento. Una economía muy abierta y concentrada en unos sectores industriales muy abiertos a la competencia (por ejemplo, el automóvil, químico o farmacéutico) que están digiriendo con lentitud los ajustes que dichos sectores necesitan.

3.  Llama la atención que el crecimiento del conjunto de la Euro zona es superior al de los 3 grandes países que la componen. El significado es claro. Los países pequeños y medianos están creciendo más deprisa que los tradicionales motores.

Como era de esperar, ese crecimiento más acelerado de España ha traído consigo una generación de empleo (3,6 millones de nuevos puestos de trabajo) muy superior a la media (Gráfico nº 2). El 30% del empleo generado en la Euro zona durante este último decenio se ha creado en España.

Y estos resultados nos llevan a otra conclusión importante. Ese dinamismo del mercado de trabajo es imposible que lo pueda cubrir una demografía tan estancada como la española. Por lo tanto, la única forma de poder mantener ese crecimiento diferencial sin estrangular el mercado de trabajo es el recurso a la inmigración, tanto para puestos sin cualificación especial como para destinos mucho más cualificados. Los datos son evidentes. De los 3,6 millones de puestos de trabajo creados en España entre 2016 y 2025, más de un millón (el 28% del total) han sido ocupados por emigrantes.

En conclusión, sin la emigración el crecimiento del PIB se hubiera ralentizado, cuando no parado, hace muchos años por ausencia de activos en el mercado de trabajo. Situación que todavía se puede apreciar en ciertos sectores (conductores de camiones, sector logístico, etc.) como denuncian constantemente los empresarios afectados.

Sin la inmigración el crecimiento del PIB se hubiera ralentizado, cuando no parado, hace muchos años por ausencia de activos en el mercado de trabajo, situación que se aprecia en ámbitos como los conductores de camiones o el sector logístico

A) Evolución del PIB per cápita en términos reales.

Analicemos el gráfico nº 3:

1. Una fuerte caída del PIB per cápita en todos los países como consecuencia del impacto del Covid.

2. La recuperación de los niveles previos en un plazo relativamente corto (dos o tres años).

3. El estancamiento de Alemania.

4. La mejora de España.

Ciertamente, nuestros niveles per cápita siguen siendo inferiores a los de los grandes países europeos, y la convergencia no acaba de vislumbrarse ni a corto, ni a medio plazo.

 

Sin embargo, cuando tomamos como referencia el PIB per cápita en términos reales en el año 2015 (2015 = 100) y analizamos su evolución en este decenio los resultados son moderadamente positivos (gráfico nº 4).

1. Incluso el PIB per cápita de España en términos reales es el que más ha crecido entre 2015 y 2025 si lo comparamos con la media de la Euro zona o los otros 3 grandes países.

2. Italia también ha mejorado sustancialmente.

3. Alemania sigue mostrando su preocupante estancamiento.

4. Francia sigue creciendo positivamente, pero con cifras claramente inferiores a la media de la Euro zona.

 

Ahora bien, para que el análisis sea completo y nos forjemos una idea más precisa, hay que ver qué le ha pasado a la población. Al fin y al cabo, es la segunda variable a considerar cuando estudiamos el PIB per cápita (gráfico nº 5).

El gráfico nº 5 nos añade una información muy relevante.

1. España es el país donde más ha crecido la población total (2,7 millones), casi el 5%, en estos 10 años.

2. La Euro zona presenta un crecimiento muy moderado.

3. Alemania está estancada también poblacionalmente.

4. Italia ha perdido 1,2 millones de habitantes en estos años, casi el 2% de la población total.

B) Evolución del PIB PPA.

Ya solo nos queda la comparación del PIB en términos de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) que, sin lugar a dudas, es el mejor indicador de la situación relativa de cada país en el conjunto de la Euro zona y de su evolución.

Las cifras suministradas por el Eurostat merecen una explicación. Para establecer las comparaciones han tomado los índices del volumen del gasto real per cápita para la Unión Europea a 27 miembros, siendo el año 2020 = 100.

El gráfico nº 6 recoge esta información para la muestra que hemos seleccionado al objeto de realizar las oportunas comparaciones.

Probablemente, el gráfico 6 es el más esclarecedor de todos. Se aprecian las tendencias de cada país en toda su magnitud:

1. La fortísima caída de Alemania que pierde 11 puntos en su capacidad adquisitiva per cápita.

2. Francia muestra una caída igualmente relevante, más de 8 puntos.

3. Todos los países caen entre 2015 y 2025 en mayor o menor medida, salvo España.

4. Incluso la Zona euro, arrastrada por Alemania y Francia, pierde unos pocos puntos en su comparación con la Unión Europea.

5. Italia prácticamente se queda igual.

6. España, a pesar de la considerable caída vivida con el Covid, se ha recuperado y mejora un punto su índice, aproximándose un poco más a Italia y a la media.

7. Las divergencias entre países en PPA son claramente inferiores a las obtenidas con las otras mediciones, con una clara tendencia a la igualación.

Con toda esta información podemos ser críticos con el comportamiento de la economía española, pero difícilmente se justificaría una valoración extremadamente negativa con los datos disponibles. Se podría haber hecho mejor, sin lugar a dudas, pero estos datos son los que avalan los informes internacionales favorables.

A modo de conclusión

Una última pregunta, que podemos transformar en crítica. ¿Por qué nuestra convergencia con la UE está resultando tan lenta, incluso cuando nuestro crecimiento global presenta cifras tan positivas? La explicación requiere, de nuevo, otro análisis que, en su mayor parte, ya he anticipado en trabajos anteriores. Entre las distintas causas (algunas muy recurrentes) habría que apuntar:

1. Nuestra estructura productiva, con un peso de sectores de baja productividad (restauración, hostelería, comercio, etc.) más elevado que en el resto de Europa.

2. El bajo peso del sector industrial.

3. La propia estructura empresarial, con un elevado porcentaje (de nuevo más que la media) de PYMES en las que la productividad es menor.

4. El bajo componente y gasto en I+D+i.

5. Desequilibrios en el sector educativo, con bajo capital humano en áreas clave como la formación profesional.

6. Mercado laboral muy segmentado con una elevada temporalidad.

7. Mercado muy intervenido y regulado, con una administración ineficiente.

Como vemos, las causas son múltiples y de solución lenta, sobre todo, si no hay apoyo institucional claro y fuerte para solucionarlos.

A pesar de todos estos inconvenientes, los datos disponibles no muestran una evolución tan negativa, ni siquiera en el largo plazo (Gráfico nº 7).

Como se aprecia en el gráfico 7 (que mide la productividad por trabajador en términos reales), observamos cómo a pesar del durísimo impacto de la crisis del Covid, todas las economías europeas recuperaron con relativa rapidez sus productividades y las diferencias entre los grandes países de la Euro zona son mínimas en el periodo 2015-2025.

Sí que llama la atención y merece destacarse cómo la Euro zona en su conjunto presenta valores superiores a los de las 4 grandes economías, lo que nos indica que el resto de miembros de la Euro zona está experimentando un dinamismo que se traduce en crecimientos del PIB y de la productividad superiores.

Resulta difícil pensar que nuestro sistema productivo no es competitivo cuando entre 2016 y 2025 han crecido nuestras exportaciones de bienes un 50%, superando las tasas de crecimiento de Francia y Alemania, e igualando las de Italia.

Los datos desmienten nuestro pesimismo sobre el sistema productivo y empresarial de España ¿no?

Riesgo de pobreza

Nos queda por analizar un problema mucho más grave, que exigiría un tratamiento extenso. ¿Cómo es posible que con tasas de crecimiento tan importantes y continuadas el porcentaje de población en riesgo de pobreza en España siga siendo tan elevado? De nuevo, y como siempre sucede en economía, las razones son variadas.

Resumamos algunas de las más evidentes:

1. El crecimiento de la economía española se sustenta sobre sectores (hostelería, restauración, comercio, turismo, atención personal, etc.) con bajos salarios, alta rotación del trabajo, o bajo crecimiento de la productividad. Crecemos intensivamente en empleo, no en salarios.

2. Ese crecimiento no se ha repartido por igual dentro del mercado de trabajo. Han crecido mucho más los salarios en el segmento más cualificado del trabajo, mientras que no ha crecido a igual ritmo los salarios de la parte baja de la pirámide del empleo. España, de hecho, tiene la mayor brecha salarial de Europa.

3. Todo ello está acompañado de una elevada temporalidad y altos niveles de precariedad en el empleo.

4. El sistema de corrección de desequilibrios del estado de bienestar en España es menos eficiente que en el resto de Europa (prestaciones familiares bajas, gasto social limitado en el caso de la pobreza infantil, sistema fiscal final poco progresivo, sistema de rentas mínimas insuficiente, etc.).

5. El peso del coste de la vivienda y de los alquileres eleva sustancialmente el número de familias atrapadas en el riesgo de pobreza , especialmente en los jóvenes de 16 a 30 años y en las grandes ciudades .

A estos problemas estructurales hay que añadir otros, por ejemplo, el derivado de la propia estimación de la población en riesgo de pobreza. Me explico. Se considera que una persona es pobre cuando sus ingresos son inferiores al 60% de la mediana nacional. ¿Qué pasa si la economía crece, pero los salarios más bajos no crecen tanto como la media? Pues el resultado es evidente. Todos los salarios pueden haber mejorado, pero lo han hecho de una manera desigual, por lo tanto, la tasa de riesgo de pobreza no baja.

El reto de la productividad

En la base de datos de la International Labour Organization hay una macro hoja en la que se presenta la evolución de las tasas de crecimiento anual del output por trabajador tomando como base al GDP en dólares constantes. Es una base para la práctica totalidad de los países del mundo. Extrayendo los países que nos interesan, podemos construir el cuadro nº 1

La visión que nos ofrece es muy interesante. En el lapso de 24 años entre 2000 y 2024 la productividad por trabajador en dólares constantes apenas ha aumentado un 9% en el caso español, pero el resto de países analizados no presenta resultados mejores. Al fin y al cabo, después de 24 años la productividad de Alemania (110,5) no llega a dos puntos por encima de la española, la de Francia 2,4 puntos y la de Italia es sustancialmente inferior a la española. Únicamente los datos de la UE27 presenta productividades claramente superiores a la española y muy por encima de los otros 3 grandes países.

A lo mejor tenemos que matizar nuestra visión sobre el comportamiento de la economía española, incluso en esta variable y contra todo pronóstico.

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