Resulta curioso observar lo difícil que supone llegar a acuerdos sobre cualquier tema en cuanto lo estudiamos desde posiciones políticas antagónicas. Lo mismo sucede en la economía. Parecería que es un tema más objetivo, pero siempre hay algún fleco al que agarrarnos para sustentar nuestras posiciones diferenciadas. El mejor ejemplo es España y el devenir de su economía.
A nivel internacional los servicios de estudios señalan a la economía española como una evolución de éxito. Sin embargo, existen otros que resaltan los problemas y carencias de nuestra economía dibujando un cuadro final en tonalidades oscuras. ¿Por qué se produce esa disparidad cuando los resultados y cifras disponibles son las mismas para cada investigador? Razones, muchas.
La primera se encuentra en la multitud de datos disponibles. Es casi imposible que todos a la vez sean positivos o todos negativos. Elementos positivos: el crecimiento económico, la creación de empleo, el peso de las energías renovables, la cobertura de fibra óptica, los donantes de órganos… Pero también tenemos otra multitud de elementos negativos: el estancamiento de la renta per cápita, la desigualdad, la baja productividad, el bajo nivel de inversión en I+D, el tamaño empresarial…
¿Cómo podemos llegar a una conclusión definitiva con toda esta acumulación variopinta de información económica?
No es fácil. Requiere una cierta dosis de objetividad y ecuanimidad que el debate político ignora. Además, la propia cifra que estemos analizando puede llevarnos a conclusiones dispares con pequeños cambios de enfoque.
¿Cómo podemos llegar a una conclusión definitiva con toda esta acumulación variopinta de información económica?
No es fácil. Requiere una cierta dosis de objetividad y ecuanimidad que el debate político ignora
PIB
Pongamos el ejemplo del PIB, que nos resume en un indicador simple la situación de una economía, su evolución o dinamismo de la misma. Ahora bien, ese PIB lo podemos medir de diversas maneras y el resultado puede variar significativamente.
1. PIB a precios corrientes. No es otra cosa que la cantidad de bienes y servicios producidos por una economía en un periodo de tiempo determinado, por ejemplo, un año, a precios de mercado. Observemos que hemos introducido dos variables en es a medición: los bienes y servicios producidos en un año, y los precios a los que valoramos esos bienes y servicios, y esto nos lleva inmediatamente a la primera digresión.
Si la economía a precios de mercado ha crecido un 5% en un año, lo primero que tenemos que hacer es descontar la inflación. Si el PIB ha crecido un 5% y los precios lo han hecho también un 5%, los bienes y servicios producidos son los mismos. Solo ha habido un cambio de precios, nada más.
2. Por esta razón hay que estimar el PIB a precios constantes, o en términos reales, midiendo el incremento de los bienes y servicios producidos en un año por esa economía. Las dos informaciones son interesantes para tener una valoración objetiva de cómo evoluciona nuestra economía: ¿crecemos o no crecemos en términos reales? ¿la inflación es alta o baja? ¿cómo lo estamos haciendo cuando nos comparamos con otros países de nuestro entorno?…
3. Pero si seguimos profundizando un poco en esa variable, lo segundo que se nos ocurre es: está muy bien ese crecimiento, pero lo que quiero saber es como crecemos per cápita, el PIB per cápita. Si el PIB crece al 2% cada año, pero la población lo hace al 2%, el PIB per cápita será el mismo. Pongamos el caso de África. En los últimos 55 años África ha sido el segundo continente que más ha crecido en el mundo (3,42% al año en términos reales) solo por detrás de Asia. Pero el crecimiento de su población en estos 55 años ha sido el más elevado del mundo (2,68% al año). Resultado, el PIB per cápita ha experimentado un crecimiento raquítico (el 0,74% anual), el más bajo del mundo.
4. Obviamente, ese crecimiento del PIB per cápita puede ser en términos reales o monetarios. En este caso, el indicador que se suele utilizar es la evolución del PIB per cápita en términos reales.
5. Pero todavía quisiera destacar otra medición del PIB cada vez más utilizada en las comparaciones internacionales: El PIB medido en Paridad del Poder Adquisitivo también denominado PIB en dólares internacionales. Me explico. Hay infinidad de bienes y sobre todo de servicios que son casi idénticos entre países (por ejemplo, un café en un bar, o un corte de pelo), pero, sin embargo, tienen precios distintos. Para establecer comparaciones reales entre países nos interesa el PIB ajustado por las diferencias de precios, que nos permiten comparar la capacidad de compra en cualquier lugar del mundo. Se trata de igualar el poder adquisitivo de los ciudadanos a la hora de establecer comparaciones, esto es, se trata de que la misma cantidad de dinero pueda comprar la misma cesta de bienes y servicios en todos los países.
PIB
Pongamos el ejemplo del PIB, que nos resume en un indicador simple la situación de una economía, su evolución o dinamismo de la misma. Ahora bien, ese PIB lo podemos medir de diversas maneras y el resultado puede variar significativamente.
1. PIB a precios corrientes. No es otra cosa que la cantidad de bienes y servicios producidos por una economía en un periodo de tiempo determinado, por ejemplo, un año, a precios de mercado. Observemos que hemos introducido dos variables en es a medición: los bienes y servicios producidos en un año, y los precios a los que valoramos esos bienes y servicios, y esto nos lleva inmediatamente a la primera digresión.
Si la economía a precios de mercado ha crecido un 5% en un año, lo primero que tenemos que hacer es descontar la inflación. Si el PIB ha crecido un 5% y los precios lo han hecho también un 5%, los bienes y servicios producidos son los mismos. Solo ha habido un cambio de precios, nada más.
2. Por esta razón hay que estimar el PIB a precios constantes, o en términos reales, midiendo el incremento de los bienes y servicios producidos en un año por esa economía. Las dos informaciones son interesantes para tener una valoración objetiva de cómo evoluciona nuestra economía: ¿crecemos o no crecemos en términos reales? ¿la inflación es alta o baja? ¿cómo lo estamos haciendo cuando nos comparamos con otros países de nuestro entorno?…
3. Pero si seguimos profundizando un poco en esa variable, lo segundo que se nos ocurre es: está muy bien ese crecimiento, pero lo que quiero saber es como crecemos per cápita, el PIB per cápita. Si el PIB crece al 2% cada año, pero la población lo hace al 2%, el PIB per cápita será el mismo. Pongamos el caso de África. En los últimos 55 años África ha sido el segundo continente que más ha crecido en el mundo (3,42% al año en términos reales) solo por detrás de Asia. Pero el crecimiento de su población en estos 55 años ha sido el más elevado del mundo (2,68% al año). Resultado, el PIB per cápita ha experimentado un crecimiento raquítico (el 0,74% anual), el más bajo del mundo.
4. Obviamente, ese crecimiento del PIB per cápita puede ser en términos reales o monetarios. En este caso, el indicador que se suele utilizar es la evolución del PIB per cápita en términos reales.
5. Pero todavía quisiera destacar otra medición del PIB cada vez más utilizada en las comparaciones internacionales: El PIB medido en Paridad del Poder Adquisitivo también denominado PIB en dólares internacionales. Me explico. Hay infinidad de bienes y sobre todo de servicios que son casi idénticos entre países (por ejemplo, un café en un bar, o un corte de pelo), pero, sin embargo, tienen precios distintos. Para establecer comparaciones reales entre países nos interesa el PIB ajustado por las diferencias de precios, que nos permiten comparar la capacidad de compra en cualquier lugar del mundo. Se trata de igualar el poder adquisitivo de los ciudadanos a la hora de establecer comparaciones, esto es, se trata de que la misma cantidad de dinero pueda comprar la misma cesta de bienes y servicios en todos los países.
- Por esta razón hay que estimar el PIB a precios constantes, o en términos reales, midiendo el incremento de los bienes y servicios producidos en un año por esa economía. Las dos informaciones son interesantes para tener una valoración objetiva de cómo evoluciona nuestra economía: ¿crecemos o no crecemos en términos reales? ¿la inflación es alta o baja? ¿cómo lo estamos haciendo cuando nos comparamos con otros países de nuestro entorno?…
- Pero si seguimos profundizando un poco en esa variable, lo segundo que se nos ocurre es: está muy bien ese crecimiento, pero lo que quiero saber es como crecemos per cápita, el PIB per cápita. Si el PIB crece al 2% cada año, pero la población lo hace al 2%, el PIB per cápita será el mismo. Pongamos el caso de África. En los últimos 55 años África ha sido el segundo continente que más ha crecido en el mundo (3,42% al año en términos reales) solo por detrás de Asia. Pero el crecimiento de su población en estos 55 años ha sido el más elevado del mundo (2,68% al año). Resultado, el PIB per cápita ha experimentado un crecimiento raquítico (el 0,74% anual), el más bajo del mundo.
Obviamente, ese crecimiento del PIB per cápita puede ser en términos reales o monetarios. En este caso, el indicador que se suele utilizar es la evolución del PIB per cápita en términos reales.
Pero todavía quisiera destacar otra medición del PIB cada vez más utilizada en las comparaciones internacionales: El PIB medido en Paridad del Poder Adquisitivo también denominado PIB en dólares internacionales. Me explico. Hay infinidad de bienes y sobre todo de servicios que son casi idénticos entre países (por ejemplo, un café en un bar, o un corte de pelo), pero, sin embargo, tienen precios distintos. Para establecer comparaciones reales entre países nos interesa el PIB ajustado por las diferencias de precios, que nos permiten comparar la capacidad de compra en cualquier lugar del mundo. Se trata de igualar el poder adquisitivo de los ciudadanos a la hora de establecer comparaciones, esto es, se trata de que la misma cantidad de dinero pueda comprar la misma cesta de bienes y servicios en todos los países.
No se usan tipos de cambio sino una tasa de conversión diseñada precisamente para intentar eliminar la distorsión que pueden introducir los precios locales. Como objetivo último, se trata de medir niveles de vida en los diferentes países no solo evolución de la producción.
España y su PIB: visión positiva
Con este pequeño bagaje teórico vamos a ver cómo se ha comportada la economía española en los últimos 10 años a través de una única variable, el PIB, en sus diversas alternativas.
En el gráfico nº 1 se observa el crecimiento del PIB en términos reales de la Euro zona y de las 4 principales economías por tamaño del PIB que integran la misma (Alemania, Francia, Italia y España). El gráfico construido con los datos de Eurostat es una pequeña licencia, dado que se ha calculado enlazando las tasas de crecimiento reales de cada año.
Curiosamente, a pesar de su simplicidad permite muy diversas interpretaciones:
España lidera el crecimiento estos años, a pesar de que la caída relativa por el Covid fue la más significativa de entre los grandes países, y ese crecimiento se está acelerando en los últimos años.
Alemania se encuentra en una fase de estancamiento relativo y ajuste interno, con tasas muy bajas de crecimiento. Una economía muy abierta y concentrada en unos sectores industriales muy abiertos a la competencia (por ejemplo, el automóvil, químico o farmacéutico) que están digiriendo con lentitud los ajustes que dichos sectores necesitan
Llama la atención que el crecimiento del conjunto de la Euro zona es superior al de los 3 grandes países que la componen. El significado es claro. Los países pequeños y medianos están creciendo más deprisa que los tradicionales motores.
Como era de esperar, ese crecimiento más acelerado de España ha traído consigo una generación de empleo (3,6 millones de nuevos puestos de trabajo) muy superior a la media (Gráfico nº 2). El 30% del empleo generado en la Euro zona durante este último decenio se ha creado en España.
Y estos resultados nos llevan a otra conclusión importante. Ese dinamismo del mercado de trabajo es imposible que lo pueda cubrir una demografía tan estancada como la española. Por lo tanto, la única forma de poder mantener ese crecimiento diferencial sin estrangular el mercado de trabajo es el recurso a la inmigración, tanto para puestos sin cualificación especial como para destinos mucho más cualificados. Los datos son evidentes. De los 3,6 millones de puestos de trabajo creados en España entre 2016 y 2025, más de un millón (el 28% del total) han sido ocupados por emigrantes.
En conclusión, sin la emigración el crecimiento del PIB se hubiera ralentizado, cuando no parado, hace muchos años por ausencia de activos en el mercado de trabajo. Situación que todavía se puede apreciar en ciertos sectores (conductores de camiones, sector logístico, etc.) como denuncian constantemente los empresarios afectados.
España y su PIB: visión crítica
En cuanto al enfoque más crítico, se centra, obviamente, en las relaciones que, en principio, pueden parecer que han evolucionado de una manera menos positiva, por ejemplo, el PIB per cápita en términos reales, o la persistencia en valores elevados de la tasa de riesgo de pobreza en la sociedad española.
A) Evolución del PIB per cápita en términos reales.
Analicemos el gráfico nº 3:
Una fuerte caída del PIB per cápita en todos los países como consecuencia del impacto del Covid.
La recuperación de los niveles previos en un plazo relativamente corto (dos o tres años)
El estancamiento de Alemania
La mejora de España.
Ciertamente, nuestros niveles per cápita siguen siendo inferiores a los de los grandes países europeos, y la convergencia no acaba de vislumbrarse ni a corto, ni a medio plazo.
Sin embargo, cuando tomamos como referencia el PIB per cápita en términos reales en el año 2015 (2015 = 100) y analizamos su evolución en este decenio los resultados son moderadamente positivos (gráfico nº 4).
Incluso el PIB per cápita de España en términos reales es el que más ha crecido entre 2015 y 2025 si lo comparamos con la media de la Euro zona o los otros 3 grandes países.
Italia también ha mejorado sustancialmente.
Alemania sigue mostrando su preocupante estancamiento.
Francia sigue creciendo positivamente, pero con cifras claramente inferiores a la media de la Euro zona.
Ahora bien, para que el análisis sea completo y nos forjemos una idea más precisa, hay que ver qué le ha pasado a la población. Al fin y al cabo, es la segunda variable a considerar cuando estudiamos el PIB per cápita (gráfico nº 5).
El gráfico nº 5 nos añade una información muy relevante.
España es el país donde más ha crecido la población total (2,7 millones), casi el 5%, en estos 10 años.
La Euro zona presenta un crecimiento muy moderado.
Alemania está estancada también poblacionalmente.
Italia ha perdido 1,2 millones de habitantes en estos años, casi el 2% de la población total.
Si juntamos ambas informaciones, las conclusiones son algo más sofisticadas:
España a pesar del fuerte crecimiento de la población (o gracias a él) es el país donde más ha crecido el PIB per cápita en términos reales.
En Italia, una parte relevante del crecimiento de su PIB per cápita se debe al descenso de su población.
En la Euro zona, el bajo crecimiento de la población permite conseguir incrementos en el PIB per cápita bajos pero positivos.
Lo mismo que en Francia.
Alemania sigue mostrando que su crisis se traslada incluso a la propia evolución de la población.
B) Evolución del PIB PPA
Ya solo nos queda la comparación del PIB en términos de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) que, sin lugar a dudas, es el mejor indicador de la situación relativa de cada país en el conjunto de la Euro zona y de su evolución.
Las cifras suministradas por el Eurostat merecen una explicación. Para establecer las comparaciones han tomado los índices del volumen del gasto real per cápita para la Unión Europea a 27 miembros, siendo el año 2020 = 100.
El gráfico nº 6 recoge esta información para la muestra que hemos seleccionado al objeto de realizar las oportunas comparaciones.
Probablemente, el gráfico 6 es el más esclarecedor de todos. Se aprecian las tendencias de cada país en toda su magnitud:
La fortísima caída de Alemania que pierde 11 puntos en su capacidad adquisitiva per cápita.
Francia muestra una caída igualmente relevante, más de 8 puntos.
Todos los países caen entre 2015 y 2025 en mayor o menor medida, salvo España.
Incluso la Zona euro, arrastrada por Alemania y Francia, pierde unos pocos puntos en su comparación con la Unión Europea.
Italia prácticamente se queda igual.
España, a pesar de la considerable caída vivida con el Covid, se ha recuperado y mejora un punto su índice, aproximándose un poco más a Italia y a la media.
Las divergencias entre países en PPA son claramente inferiores a las obtenidas con las otras mediciones, con una clara tendencia a la igualación
Con toda esta información podemos ser críticos con el comportamiento de la economía española, pero difícilmente se justificaría una valoración extremadamente negativa con los datos disponibles. Se podría haber hecho mejor, sin lugar a dudas, pero estos datos son los que avalan los informes internacionales favorables.
A modo de conclusión
Una última pregunta, que podemos transformar en crítica. ¿Por qué nuestra convergencia con la UE está resultando tan lenta, incluso cuando nuestro crecimiento global presenta cifras tan positivas? La explicación requiere, de nuevo, otro análisis que, en su mayor parte, ya he anticipado en trabajos anteriores. Entre las distintas causas (algunas muy recurrentes) habría que apuntar:
Nuestra estructura productiva, con un peso de sectores de baja productividad (restauración, hostelería, comercio, etc.) más elevado que en el resto de Europa.
El bajo peso del sector industrial.
La propia estructura empresarial, con un elevado porcentaje (de nuevo más que la media) de PYMES en las que la productividad es menor.
El bajo componente y gasto en I+D+i.
Desequilibrios en el sector educativo, con bajo capital humano en áreas clave como la formación profesional.
Mercado laboral muy segmentado con una elevada temporalidad.
Mercado muy intervenido y regulado, con una administración ineficiente.
Como vemos, las causas son múltiples y de solución lenta, sobre todo, si no hay apoyo institucional claro y fuerte para solucionarlos.
A pesar de todos estos inconvenientes, los datos disponibles no muestran una evolución tan negativa, ni siquiera en el largo plazo (Gráfico nº 7).
Como se aprecia en el gráfico 7 (que mide la productividad por trabajador en términos reales), observamos cómo a pesar del durísimo impacto de la crisis del Covid, todas las economías europeas recuperaron con relativa rapidez sus productividades y las diferencias entre los grandes países de la Euro zona son mínimas en el periodo 2015-2025.
Sí que llama la atención y merece destacarse cómo la Euro zona en su conjunto presenta valores superiores a los de las 4 grandes economías, lo que nos indica que el resto de miembros de la Euro zona está experimentando un dinamismo que se traduce en crecimientos del PIB y de la productividad superiores.
Resulta difícil pensar que nuestro sistema productivo no es competitivo cuando entre 2016 y 2025 han crecido nuestras exportaciones de bienes un 50%, superando las tasas de crecimiento de Francia y Alemania, e igualando las de Italia.
Los datos desmienten nuestro pesimismo sobre el sistema productivo y empresarial de España ¿no?
Como se ve en el Cuadro nº1, el peso de los 4 operadores asciende al 58,1% del mercado total de contenedores, lo cual nos indica que el mercado está bastante concentrado. Pero esta no es toda la verdad acerca de la situación del mercado. Si sumamos las 5 primeras navieras añadiendo a Hapag+ZIM en lugar de solo las 4 primeras, el resultado alcanza nada menos que el 67,2% (Cuadro nº 2), lo que indica un grado de concentración del mercado elevado.
Esta afirmación se corrobora cuando analizamos el grado de concentración sumando las 10 primeras navieras y, sobre todo, observando su evolución a lo largo de los últimos años (Gráfico nº 1).
Desde 2012 a marzo de 2026 el índice ha pasado del 62% al 86%. Esto es, los 10 primeros carriers controlan el 86% del mercado. Llama la atención que ese nivel de concentración se ha incrementado sensiblemente a lo largo de estos últimos 14 años y se aceleró durante los años 2017 y 2018, como consecuencia de la reestructuración profunda que sufrió el mercado (Cosco-China Shipping, Maersk-Hamburg Sud, ONE, Hapag-UASC).
Las crisis cíclicas, tan recurrentes en el mercado naval, pasan factura a las empresas, por grandes que sean, forzando sus fusiones, reestructuraciones o desapariciones.
Desde 2018 el peso de los 10 carriers se ha mantenido bastante estable, pero con una muy ligera tendencia al crecimiento que me imagino dará un salto de nuevo si se consolidan los procesos de concentración en curso.
Los 10 primeros carriers controlan el 86% del mercado y llama la atención que ese nivel de concentración se ha incrementado sensiblemente a lo largo de los últimos 14 años, acelerándose en 2017 y 2018
Otros métodos
Ahora bien, existen otros métodos para valorar el índice de concentración en un mercado. Entre estos otros métodos el más utilizado es el Índice Herfindahl-Hirschman (IHH). En este caso la estimación del índice es muy sencilla. Simplemente se trata de elevar al cuadrado la cuota de mercado de cada empresa y sumar los resultados de todas.
A su vez, la interpretación es igualmente muy sencilla. Si estamos ante un monopolio, la cuota del mercado del monopolista será el 100% (todo el mercado). El cuadrado de 100 es 10.000, máxima concentración. Si estamos en absolutamente libre mercado y cada empresa tiene una cuota de mercado ínfima, el cuadrado de un número seguirá siendo una cifra muy pequeña y la suma de muchas cifras pequeñas nos dará valores próximos a cero.
Utilizando de nuevo los datos de Alphaliner, el IHH para marzo de 2026 nos da 1.050,93, es decir, este dato nos indica un grado de concentración bajo.
Los resultados de ambos índices resultan por lo tanto bastante contradictorios, cuando además estamos utilizando los mismos datos en ambas estimaciones.
Sea cual sea la realidad, sinceramente a mí me parece más acertada la primera aproximación. Hay una cosa que ninguna estimación puede ignorar y es la acelerada concentración del mercado de operadores que se ha producido en los últimos 40/45 años.
El gráfico publicado por SEE el 30 de noviembre de 2025 nos muestra esa evolución. De acuerdo con el IHH, el grado de concentración de las navieras ha pasado de una cifra inferior a 100 en el año 1980 a los 1.051 de 2026, con una tendencia constantemente acelerada a lo largo de esos años.
Obviamente, existen otros muchos indicadores, pero considero que con los dos aportados, que, además, nos muestran resultados dispares, tenemos suficiente para hacernos una idea de cómo está el mercado, y cada uno puede tomar el escenario/resultado que más le guste. Como ven las estadísticas pueden acabar gustando a todos.
El índice IHH para marzo de 2026 nos da un resultado de 1.050,93, es decir, este dato nos indicaría en el sector de las navieras de contenedores un grado de concentración bajo
